TCA y Gestación

En los últimos años, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) han adquirido una gran relevancia sociosanitaria por su gravedad, complejidad y dificultad para establecer un diagnóstico y tratamiento específico, que afectan en su mayoría a mujeres entre 12 y 25 años, siendo éstas las edades de mayor capacidad reproductiva, con efectos sobre el ciclo menstrual, función ovárica, fertilidad, sexualidad y embarazo.



Una investigación incluyó a mujeres saludables que habían dado a luz a un bebé sano durante la semana anterior. La mayor inquietud se asoció con: temor a aumentar de peso antes y durante el embarazo, distraibilidad por pensamientos sobre los alimentos en esta etapa, tener miedo de aumentar más de peso que lo que la gestación explicaría y vomitar más frecuentemente los primeros tres a cuatro meses de gravidez. Menos ansiedad generó la introducción de ejercicio de baja intensidad por razones de silueta y peso durante el tercer y cuarto mes de embarazo. Las madres más estresadas estaban padeciendo un TCA en el tiempo de su concepción. Los TCA con comilonas o purgas se asociaron con mayor perturbación que el patrón restrictivo de alimentación.

En otra investigación, el 92% de las madres con TCA antes del embarazo informaron problemas en relación a su adaptación maternal, comparado con el 13% en el grupo control, mientras que no hubo diferencias significativas entre los subgrupos de TCA y entre aquellas con y sin recaída del TCA durante el embarazo.

En la gestación, es evidente que una adecuada nutrición y ganancia de peso son cruciales para un correcto desarrollo fetal, es así que existe evidencia científica que los TCA pueden complicar gravemente el embarazo, parto; obteniéndose resultados perinatales adversos. En cuanto a los problemas maternos existe mayor prevalencia de malestar psicológico, ansiedad, depresión materna, anemia, hiperémesis gravídica, problemas con la reparación de la episiotomía (incisión que se hace en el periné durante el parto) y mayores dificultades con la lactancia materna. En cuanto a problemas asociados al feto, existe mayor riesgo de abortos, de recién nacidos pequeños para la edad gestacional, de restricción de crecimiento uterino, parto prematuro, microcefalia, macrosomía, hipertensión durante el embarazo, baja puntuación en el test de Apgar e incluso muerte fetal.

Por ello, es importante la detección precoz y el tratamiento de las mujeres que padecen un TCA tanto durante el embarazo como después del parto, proporcionando información nutricional y apoyo multidisciplinario para el tratamiento. Estos tratamientos requieren la colaboración entre diferentes profesionales (terapeuta, obstetra, nutricionista, entre otros) y un apoyo significativo por parte de la familia.

Faltan más estudios, especialmente en la literatura hispanoamericana, que orienten a los profesionales de la salud y especialmente a aquellos encargados del control prenatal hacia el reconocimiento temprano y prevención de estas afecciones durante el embarazo, en las cuales el reconocimiento e intervención oportunos con enfoque multidisciplinario mejoran ostensiblemente el desenlace y por ende el pronóstico del curso de la gestación, el alumbramiento y la evolución del periodo puerperal. Esta colaboración ayuda a crear un ambiente de contención y estabilización para las pacientes, que pueden vivir el embarazo con un sentimiento de mayor seguridad y confianza.








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